Quid Pro Quo:

Ver la madera por el árbol.

 

Un proyecto de los Jippies Asquerosos curado por WIlly Kautz

 

Del 21.1 - 11.3, 2017

Quid Pro Quo

 

 

 

 

Este proyecto expositivo propone una relación entre el misticismo de la pintura religiosa, la inmaterialidad suprasensible y la forma-mercancía.  A partir del análisis de David Harvey sobre el libro de Karl Marx, El capital, la muestra presenta un ejercicio de visualización de las relaciones de intercambio que suponen la reciprocidad, tal como indica la locución latina: quid pro quo (una cosa por otra). Al explicar cómo las mercancías se vuelven intercambiables en tanto que objetos culturales que enmascaran algún tipo de relación social debajo de sus superficies, -de ahí su fetichismo-, David Harvey utiliza la metáfora: “ver la madera por el árbol”.

 

Al retomar esta metáfora, las diversas propuestas sensoriales concebidas por los Jippies asquerosos hacen referencia a momentos de tensión entre la obra de arte, la experiencia estética y la producción del valor. De manera consecuente con la dialéctica marxiana, esta exposición, antes que proponer una síntesis entre los opuestos, busca visualizar los momentos de tensión entre el fetichismo de la mercancía y la experiencia estética, una suerte de contraposición entre la estetización religiosa y el misticismo de la obra modernista, monocroma. Debido a la inequivalencia entre las inscripciones literales y sus relativas experiencias, la disposición de las partes de éstas propuestas visuales nunca son recíprocas, por lo tanto, la objetualidad de la obra de arte se desborda en lo suprasensible, o bien, aquello que se “revela” desde la superficie.

 

Así, en los dorados de la serie, Quid pro quo, se inscriben siete pasajes con la tipografía mística de los Talleres EMAÚS del reconocido libro El capital, en los que Karl Marx argumenta sobre el fetichismo de la mercancía. Mientras tanto, la instalación hecha con pinos navideños, Ver la madera por el árbol, alude a la estetización del consumo, una vez que en dichos árboles, antes que la materia prima vemos la perversión del simbolismo del “regalo” (potlatch), es decir, la utopía anticapitalista de “dar algo” sin esperar nada a cambio. Por último, la animación Cinemarx, presenta a Karl Marx cantando La internacional, -el himno de la unión entre los obreros y los partidos socialistas y comunistas-, en un cine vacío. El trasfondo de esta propuesta consiste en crear una experiencia de extrañamiento entre los imaginarios comunista y capitalista –navidad-, como también un cortocircuito entre la figura de Santa Claus y la de Marx.

 

Con estas propuestas estéticas, la exposición Quid pro quo coloca a la vista una reflexión sobre la experiencia mística de lo que subyace a la superficie en tanto “revelación” que se opone dialécticamente al fetichismo de la forma mercancía. Por lo tanto, el trasfondo de esta propuesta curatorial resulta en traer a la luz las tensiones entre el fetichismo de la forma mercancía en oposición a la inmaterialidad de la experiencia estética “posmonocromática”, lo que a su vez desvela las contradicciones entre el valor cultural de las obras de arte y su estatus mercantil.

 

Jippies asquerosos es un proyecto curatorial de Willy Kautz, cuyo punto de partida consiste en diluir la frontera entre la práctica curatorial y la artística, al desbordar la producción de obras hacia el montaje de exposiciones como medio. Creado en el 2005, con base en el concepto de lo suprasensible, estos despliegues expositivos buscaban contraponer la fenomenología de la obra de arte con los imaginarios de la cultura psicodélica, la historia del arte y la experiencia sensible. Los proyectos de los Jippies asquerosos son ensayos de inmersión sensorial, o bien, montajes totales articulados a partir de las tensiones entre la experiencia mística, reflexiva o de trance frente a diversos marcos críticos extraídos de la economía política, la estética, la ecología y la historia del arte.

 

Willy Kautz

Quid Pro Quo

 

 

 

 

En Quid Pro Quo, la investigación sobre la relación entre el misticismo de la pintura religiosa, la inmaterialidad suprasensorial y la forma de la mercancía queda expuesta en un conjunto de piezas que hacen referencia directa a las nuevas alternativas de arte religioso moderno que se desarrollaron en México a partir de los años cincuenta del siglo pasado. Dichas propuestas resonaban con un impulso de cambio que experimentaba la iglesia católica a nivel global en vísperas del Concilio Vaticano Segundo. Los trabajos en este proyecto de Jippies Asquerosos aluden de manera directa a la producción de Mathias Goeritz conocida como Mensajes: superficies monocromáticas conseguidas a través de la aplicación de hoja de oro.

 

Goeritz comenzó a realizar los Mensajes durante la segunda mitad de la década de los cincuenta. Se refería a ellos como Mensajes metacrómaticos por el significado que podrían tener más allá de la simple presencia de un superficie cubierta con hoja de oro; es decir, más allá del color. Estas obras, claramente modernas en cuanto a su solución plástica, al interactuar con la luz irradian cierta luminosidad en un tono ámbar. La luz se hace, así, presente y perceptible. Esta condición lumínica, producto de las características del oro, buscaba actualizar una asociación milenaria de la luz con lo espiritual y el misticismo. Con este fin, Goeritz también cubrió con hoja de oro varios altares de diseño moderno para distintos proyectos de restauración de templos antiguos dirigidos por Ricardo de Robina – como la Iglesia de Santiago Tlatelolco. Al subrayar la presencia de la luz, prácticamente como representación de lo divino, los Mensajes formularon un nuevo arte religioso moderno. Su solución plástica, además, se ajustaba al gusto creciente en México por formas de arte no figurativo o abstracto, incluyendo las comisiones por parte del estado.

 

Los “Dorados” en Quid Pro Quo, además, presentan sobre su superficie una serie de textos escritos con una particular tipografía que es fácil de asociar con la esfera del catolicismo en México, misma que acentúa la apariencia religiosa de las piezas. La tipografía fue diseñada a mediados de los años cincuenta en los talleres EMAÚS, empresa concebida por el abad Gregorio Lemercier para recabar fondos para el monasterio de Santa María de la Resurrección. Los diseños de EMAÚS renovaron el terreno de representación del arte religioso en México. Entre los frailes más activos en los talleres se encontraban Ernesto Paulsen y Gabriel Chávez de la Mora quien era, al ingresar al convento, recién graduado de la primera generación de estudiantes de arquitectura de la Universidad de Guadalajara. Alumno de Goeritz, Chávez de la Mora introdujo un vocabulario de formas sintéticas y geométricas al arte religioso de México. El joven arquitecto utilizó la tipografía, reconocida como de su autoría, en el proyecto de restauración de la Catedral de Cuernavaca en el que participó junto a Goeritz y de Robina. En este caso, la empleó prácticamente a la manera de algunos ejemplos de poesía visual, integrada a la arquitectura, que se daban justo en esa época. La experimentación del arte religioso en EMAÚS terminó con el cierre de Santa María de la Resurrección en 1967. Sus diseños eran tan solo un reflejo de la postura progresista que caracterizó el trabajo de Lemercier, que llevada a los ámbitos del monacato y el compromiso social resultó imposible de negociar para algunos.

 

En Quid Pro Quo, estos referentes de un arte religioso en Mexico son invocados para explorar, entre otras cosas, una contradicción irreconciliable entre los significados metafísicos asociados al oro y el entendimiento generalizado sobre este material bajo una percepción regida por la alienación. Cuestión que resulta interesante en el presente en el que existe un escenario en el que el oro, al parecer, cuenta con una fuerte presencia como material en el arte contemporáneo. Dicha contradicción queda expuesta en los textos que aparecen sobre los “Dorados”. Escritos por Karl Marx, las citas tratan sobre el carácter de la mercancía aunque, en ocasiones, parecieran que hablan sobre la obra de arte y sus contenidos metafísicos. De esta forma, el uso del oro y el interés por su carácter lumínico o reflejante desde una perspectiva propia del arte religioso o puramente formal (por la manera en la que interactúa con el espacio, por ejemplo) se contraponen en el mismo plano con el entendimiento preponderante sobre este material como “expresión positiva de superabundancia y riqueza”, donde la luminosidad solo exacerba el encanto de la mercancía. Esta contradicción estaba presente desde los trabajos de Goeritz. Aunque siempre se refirió a los Mensajes como una forma de arte religioso o con contenido espiritual, realizó varias obras de gran formato de esta serie como comisiones comerciales o corporativas.

 

 

Daniel Garza-Usabiaga

Copyright © 2017 El cuarto de máquinas